Canción de Tuberculosos, por Antonio Isaza A.

Cantemos a la vida como un jirón de sombras:
nosotros que llevamos prendido a la existencia
el inmortal bacilo de Kock,
que adornamos a diario las escupideras
con guirnaldas de sangre,
y que sabemos de la huella candente
que deja el placer en las noches del trópico.

Hagamos del porvenir una esquela de defunción
y del presente un festín de despedida,

Dicen que es mal de blancos,
pero los negros también se cuelan...

...¡No importa!... El último esputo
será nuestra tarjeta de visita con corona ducal,
y nos recibirá la Muerte vestida de etiqueta.
El tuberculoso
es siempre un aristócrata de los cementerios.

La fiebre, que sea el termómetro
de tantas ilusiones,
y la tos, la carcajada estéril
de locas esperanzas muertas.

El horizonte está bajo la suela
de nuestros zapatos...

¡Abajo los relojes de los médicos!
¡Dejad que los demás usen relojes...!


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