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I
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Con qué placer hasta tu seno arribo,
verde y fecunda chiricana vega,
donde a la lumbre de tu sol que ciega
tan sólo el sol de libertad concibo.
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Arde mi corazón en gozo vivo
al tornar a mi casa solariega
mientras la musa regional me entrega
de nuevo el dulce caracol nativo.
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Vuelve mi aliento a despertar sus sones
donde vibran mis íntimas canciones
y los anhelos que mi pecho encierra,
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porque así puedo levantar el vuelo
y confundirme en el azul del cielo
sobre los campos de mi amada tierra.
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II
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Por fin se muestran a los ojos míos
tus fértiles colinas y praderas,
el verde esmeraldino de las eras
y los claros remansos de tus ríos.
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Y contemplo tus pródigos plantíos
cercados de naranjos y palmeras,
y en medio de la paz de las laderas,
como nidos de amores, los bohíos.
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¡Oh. Valle de la Luna! ¡Suelo amado!
Nostálgico y enfermo y fatigado,
hoy me acerco hasta el pie de tus montañas.
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Lejos, en ti he pensado noche y día;
¡nunca podré olvidarte, tierra mía,
porque te llevo siempre en mis entrañas!
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Publicado en: Revista de Educación. Organo Oficial del Ministerio de Educación. Año II, Nº. 10. Panamá, Agosto de 1959.
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