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El trueno que se aloja en su garganta
-catacumba, caverna de granito-
responde con firmeza al infinito,
en un retumbo que al desierto espanta.
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Y su mirar, que todo lo abrillanta
-fascinación fugaz del aerolito-,
es relámpago azul, retazo ignito,
reflejo del furor que lo agiganta.
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El rayo esconde su potente garra,
que todo lo destroza, lo desgarra,
cuando en la liza su valor atruena.
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Es ciclón su carrera desbocada
y, en esa tempestad desenfrenada,
es torrente de lluvia su melena.
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