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Ya el arado del tiempo
abandonó la siembra de ilusiones.
Sólo quedan los surcos,
las mil hebras plateadas
que pregonan cansancio.
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Suicidio de recuerdos otoñales...
¡Los años de muñeca no existieron...
...hace tanto quedaron suspendidos
por la garra impasible del olvido!
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(Abuela y nieta son los dos extremos
del gran círculo humano.)
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Se agotó el porvenir.
Sólo un consuelo:
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Hila, abuela, el pasado del recuerdo
con el blanco algodón de tus cabellos.
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