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Creció mi corazón con tu presencia
al acunarte en maternal anhelo:
un ala de ilusión para mi cielo,
y una raíz de terrenal potencia.
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Chispa de la entrañable confidencia,
con nuevo aliento para el propio vuelo.
Segura gracia contra todo duelo,
germen de sol para la inteligencia.
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La vocación de luz de tu mirada
derrama el día en mis absortas manos,
rige el itinerario de mi estrella.
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Un mensaje de néctares humanos
alimenta tu sangre, destinada
a redimir mi fugitiva huella.
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