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Los cuartos oscuros
cierran la boca
y se sientan
a mirar.
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Dos niños desnudos
muy agitados
estrenan sus cuerpos
y sus temblores
a las tres
de una tarde anaranjada.
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Más allá del susto otro chiquillo
¿lo recuerdas, mariabé?
la húmeda sorpresa
brilló en su mirada núbil
que se asomó a la rendija
mientras del otro lado
tu carne encendida
le dio a la mía su vocación.
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La sudorosa vida
se quitó los velos
y dejó boquiabierta
a la inocencia.
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Del Libro AMOR A MANO ARMADA
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