|
|
|
«Entonces la naturaleza levantando su gran voz, dijo: Hombre, no oses
compararte conmigo, porque tú eres pequeño y pasas y yo perduro en
el Tiempo». —Schartz.
|
|
Yo iba en las mañanas
a bañarme al río,
con un bravo mozo
compañero mío.
Se llamaba el río
el «Zoromantiel»;
mi mejor amigo
era el mozo aquel.
|
|
Pero una mañana
el mozo no vino;
yo fui hasta su casa,
cerca del camino,
¡y lo hallé tendido
en un ataúd,
con sus cuatro cirios
y una vieja cruz!
|
|
Pasaron los años;
me alejé de aquella
tierruca, que lejos
la soñé más bella.
Y cuando una tarde
de nuevo volví,
ni me recordaban
ni la conocí.
|
|
Pregunté a los viejos
si me daban cuenta
de aqueste pasaje
que mi musa cuenta;
todos me miraron
sin me responder,
nadie se acordaba
ni de mí ni dé él.
|
|
¿Ya que no hay memoria
del amigo mío,
no sabréis decirme
el nombre del río?
Y mozos y viejos...
todos a la vez,
dijeron en coro:
el «Zoromantiel».
|
Septiembre de 1927
Nueva Luz, Año II. Nº. 4
Publicado en noviembre de 1930
|