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Visión de Panamá durante la Época del Canal Francés,
por Alfredo Figueroa Navarro


Ferdinand de Lesseps - Foto: Internet

1. CANAL Y FELICIDAD

Para los franceses, esta etapa significa escándalo y fracaso. Para ciertos panameños, los lustros aludidos aportan prosperidad inusitada luego del decenio francamente mediocre (1869.1879) que acaece finalizada la coyuntura californiana. Contrariamente a los coruscantes años del Gold Rush, éstos acusarán la impronta, en un principio, de Francia, más que de los Estados Unidos. Los trabajos, más arduos, más penosos que los del ferrocarril, serán iniciados por la Compañía Universal del Canal Interoceánico. Pese a la hostilidad de Washington, aquella compañía francesa, presidida por el Vizconde Ferdinand de Lesseps, artífice del Canal de Suez (1869), aspira a construir una vía marítima a través del Istmo.

Crece el entusiasmo y cunde la algarabía entre los panameños. Renace, asimismo, la utopía de la feria comercial, bien palpable en la literatura de los años 1880. (1) Merced a la excavación del Canal, que generará la dicha de los istmeños, el progreso, la riqueza y la “civilización” (2) invadirán esa región periférica de Colombia. Una confianza abrumadoramente cándida en las bondades de la futura maravilla cala. La presencia francesa no tiene el cariz violento de las “hordas” norteamericanas precedentes. A los temibles gold-seekers, quienes atraviesan el Istmo con miras a enriquecerse en California, suplantan unos ingenieros y unos técnicos europeos, bien hospedados por la población autóctona. Diarios redactados en la lengua de Gustave Flaubert insurgen. El influjo cultural galo domina. A primera vista, el Canal pareciera ser una fuente de opulencia más segura y bienhechora que el ferrocarril transístmico, forjado por una compañía estadounidense.

Los años que transcurren de 1880 a 1889, anteriores a la bancarrota de la Compañía Universal del Canal Interoceánico, tienen, para los panameños, singular importancia. (3) Las obras pertinentes coadyuvan a saturar las urbes terminales de Panamá y de Colón. El crecimiento, que experimenta la primera, es enorme. De 12,000 habitantes, en 1880, pasará a 20,000 almas en 1883. (4) A más de los franceses que arriban —principalmente directores y cuadros de la Compañía— vendrán millares de obreros, oriundos de Jamaica, (5) de las Antillas y de Cartagena. (6) Por ejemplo, hacia 1886, 12,875 jornaleros ocurren al Istmo. Se subdividen, según Jules Charles Roux, en (7)

Jamaicanos  9,005
Cartageneros    142
De Barbados  1,344
De Santa Lucía    495
Venezolanos    272
Martiniqueños    800
Cubanos    275
De Nueva Orleans    542
                                                                                              12,875

Por 1886, 40,000 obreros negros laboran aquí. (8) Tan considerable masa humana constituye el doble de la población de la Ciudad de Panamá (20,000 habitantes). Colón es casi un barrio de Jamaica. (9) En la capital, las "profesiones de sastre, de zapatero, de cochero, de cocinero, de criado" (10) son ejercidas por jamaicanos. Según un cónsul francés, no cabe duda de que éstos ocuparán, más tarde, un "lugar importante" en el Istmo (11) profecía que habrá de cumplirse ulteriormente.

Canal Francés - Foto: Internet

Exceptuada la invasora población obreril antillana, atraída por las faenas de canalización, encontramos una pequeña burguesía comercial de origen chino, que se establece en la zona de tránsito, (12) y una floresta de negociantes extranjeros, quienes anhelan aprovechar el balbuciente lapso afortunado. (13) A semejanza de lo ocurrido en el transcurso del Gold Rush, el alto comercio (y aun la industria incipiente) son monopolizados por estos últimos. (14) La preponderancia de los mercaderes metropolitanos, respecto de los tenderos emanados del patriciado citadino y, excepcionalmente, de los grupos dominantes rurales, es una de las características saltantes, de las décadas de 1880 y de 1890. (15) Semejante rasgo perdurará agravándose, por supuesto, en el siglo XX. (16)

Ante la incansable y pujante burguesía internacional —hebrea, francesa, alemana, italiana, española e, inclusive, colombiana—, fijada tanto en Panamá como en Colón, frente a la pequeña burguesía china, la cual monopoliza el comercio al por menor, frente al populoso y mohíno y descontento proletariado negro importado, ante todo, de Jamaica, el patriciado urbano se enclaustra en la custodia de uno de sus bienes más rentables: la propiedad inmueble urbana. Los alquileres domésticos se triplicarán a la sazón. Y las ciudades terminales se inflan. Entonces, un “apartamento que valdría apenas 2,000 francos, en los barrios elegantes de París, cuesta 6,000 prescindiendo del agua y del gas”. (17) La antigua oligarquía citadina aprovecha nuevamente los alquileres para acrecer sus caudales. No edifica casas adicionales ni repara las ya existentes. Es que, en el leal saber y entender de un observador francés, los “capitales y la mano de obra cuestan caro, y que se dice, no sin razón, que la sobreabundancia de inquilinos podría finiquitar al cesar los trabajos del Canal”. (18) En todo caso, como sucede durante el Gold Rush, el patriciado panameño logra disfrutar de aquella “prosperidad falaz” aumentando el alquiler de sus casas y ejerciendo el mediano y pequeño comercio sin mayor ambición. (19) Por lo demás, sus miembros suelen especializarse a guisa de intermediarios al servicio de las agencias foráneas, curiosamente alemanas, británicas, italianas y norteamericanas (agentes marítimos, agentes de seguros, burócratas), ocupan, en parte, las profesiones prestigiosas (abogados, médicos, boticarios), aun cuando no brillen nunca como industriales ni hoteleros (sectores controlados desde ya, por sujetos alógenos).

La ruina de la Compañía Universal del Canal Interoceánico (1889), seguida del célebre escándalo de Panamá, en Francia, provocarán el cese brutal de las obras. El último decenio del decimonono, es, por cierto, aquel del desencanto en el Istmo. Hacia 1894, la Nueva Compañía del Canal de Panamá (francesa) emerge, pero se sabe que no concluirá el canal, dado que sus medios son asaz restringidos. (20) En Francia, 1,434,522.281 francos se evaporan en el asunto de Panamá. Por último, 21,000 franceses perecen en el Istmo, de los cuales 16,000 a causa de la fiebre amarilla.

II. EL RETORNO DEL CENTRALISMO Y LA AGONÍA DEL FEDERALISMO EN COLOMBIA (1886).

En medio de los años dorados del Canal francés, la Constitución centralista de 1886 es promulgada por Bogotá. El Presidente conservador colombiano, Rafael Núñez, sostiene que la insurrección es una verdadera profesión en su país. En su concepto, el antiguo Estado Soberano de Panamá ejemplifica, claramente, la anarquía durante la época federal. La nueva Constitución crea la República de Colombia sepultando los efímeros Estados Unidos de Colombia (1863-1886). Los precedentes Estados soberanos se transforman en Departamentos. La religión católica es el credo nacional. El Presidente de la República nombra y destituye los gobernantes, me­ros agentes del poder central. (21) Restablécense las aduanas. Con la carta centralista de 1886, la experiencia autonomista panameña, incoada desde 1855, cuando nace el Estado Federal de Panamá, cesará bruscamente. Para los comerciantes panameños, el centralismo golpea y debilita la economía del pasillo transístmico, por cuanto instaura las aduanas, suprimidas desde 1849.

A partir de 1886, el liberalismo panameño se opondrá, sistemáticamente, a la nueva estructura política. Unas sociedades literarias, cívicas y patrióticas germinan aquí. Recuerdan los círculos que anuncian y preparan la independencia de las naciones latinoamericanas a fines del XVIII y en los albores del XIX.

III. LAS CAUSAS DE LA INDEPENDENCIA DE 1903

A. Las Causas Endógenas

La primera es, naturalmente, la geografía. (22) No existen caminos que liguen el Istmo a Colombia. Razón evocada continuamente, en el transcurso del decimonono, por los diversos teóricos del nacionalismo panameño.

La segunda, más inmediata, es el centralismo colombiano, reinstaurado por la Constitución de 1885. De Estado soberano el Istmo deviene mero Departamento. En los dieciocho años que preceden a la independencia definitiva, solamente dos gobernadores autóctonos son nombrados por Bogotá. Además, repetimos, el poder central restablece las aduanas.

La lucha contra el centralismo colombiano arriba a su paroxismo durante la Guerra de los Mil días (1889.1902), la cual deja un saldo de 100,000 muertos. El Istmo, que nunca participa en las luctuosas guerras civiles colombianas, se estrena como el teatro de las más sangrientas batallas. Todo el departamento toma las armas bajo los pendones del partido liberal. Cuando en Colombia, el liberalismo claudica, sus fuerzas aún dominan a Panamá. Cabe señalar, en efecto, que la economía agraria local es destruida a la sazón. (23) En suma, el conflicto bélico, a que aludimos, es el prefacio a la independencia de 1903.

Inclusive más contigua, la tercera: el rechazo del Tratado HERRAN-HAY por el gobierno colombiano hacia 1903. ¿Cuál es su contenido? La Nueva Compañía del Canal de Panamá (francesa) es autorizada a transferir, a los Estados Unidos, todos sus derechos, privilegios, propiedades y concesiones, y el Panamá Railroad. Colombia cede una franja de tierra de nueve kilómetros y medio, sobre la cual conserva su soberanía, pero el concesionario recibe un derecho de control administrativo y policial en semejante zona, doblado de la autorización, de crear tribunales especiales allí. A título de indemnización el gobierno colombiano recibirá diez millones de dólares de inmediato y, nueve años después de la ratificación, 250,000 dólares anualmente. El Senado colombiano rechaza unánimemente el convenio. Con todo, la burguesía comercial panameña ve, en su aprobación, el inicio de un porvenir brillantísimo a nivel económico. Y experimenta estupor y amargura.

B. Las Causas Exógenas

El imperialismo americano es, por supuesto, la de bulto.

A partir de la Guerra Civil, los Estados Unidos, ansían trazar un canal norteamericano, en territorio estadounidense, administrado por Washington. Estos miran con malos ojos el intento francés, que, a la postre, fracasará.

La guerra contra España, hacia 1898, precipita, para los Estados Unidos, la necesidad de controlar una vía que les permita la movilización fugaz de sus flotas del Atlántico y del Caribe. La construcción de una vía marina se impone. Después del conflicto de 1898, los Estados Unidos dominan a Puerto Rico, Cuba y Las Filipinas. Son ya una potencia marítima en el Atlántico y en el Pacífico.

A 18 de noviembre de 1901, los Estados Unidos firman acuerdo con Inglaterra (el Tratado HAY-PAUNCEFOTE), el cual modifica el tratado CLAYTON-BULWER, rubricado en 1850. Los Estados Unidos, solos, construirán y explotarán el Canal, abierto, de manera igualitaria, a los navíos de comercio o de guerra del planeta. ¿Cómo explicar la actitud británica? Albión no desea encontrarse en una situación militar embarazosa en América cuando la Guerra de los Boers le demuestra cómo su ejército sería incapaz de mantener una contienda lejana, y precisamente, cuando el imperialismo alemán comienza a extender su flota de combate.

Después de haber firmado el Tratado HAY-PAUNCEFOTE (1901) con Inglaterra, los Estados Unidos deben transar con Colombia, por cuanto la transferencia de la concesión francesa necesita la aprobación de la potencia concedente. No nos cansamos de repetir que la impresión causada, en Bogotá, por el Tratado HERRAN-HAY, ratificado por Washington en 1903, es bien álgida. La actitud norteamericana hacia Colombia deviene hiriente. El presidente Teodoro Roosevelt define, a los miembros del poder legislativo colombiano, de la manera siguiente: “contemptible little creatures, jack rabbits, foolish and homicidal corruptionnists, greedy little anthropoids”. Aun el Ministro norteamericano, residente en Bogotá, amenaza al gobierno. Entonces el Senado rechaza, por unanimidad, el tratado aludido.

El Presidente Roosevelt piensa ocupar el Istmo y emprender la realización del Canal. Mas existe una solución menos violenta: la participación de la burguesía comercial panameña —muy secesionista— agriada y ofendida por el rechazo del Tratado HERRAN-HAY (1903) cuya aprobación hubiese aportado bonanza infinita. Los Estados Unidos establecen parlamento con los “rebeldes” de Panamá, quienes envían un agente oficioso a Nueva York, en la persona del doctor Manuel Amador Guerrero, antiguo médico del Panama Railroad. (24)

En la víspera de la independencia, el Nashville, navío norteamericano, llega a Colón. Un día después, el General Tovar, de Colombia, arriba acompañado de 500 hombres y pide a la Administración del Ferrocarril que transporte sus tropas a Panamá. Esta no obedece y sólo manda a los jefes. Al bajar a la Estación Tovar es prendido y la revolución proclamada. El 4 de noviembre, el Comandante del Nashville se opondrá al viaje de los batallones colombianos en nombre de la libertad de tránsito (y evocando el Tratado, Mallarino-Bidlack, de 1846). El 6 de noviembre, la República de Panamá es reconocida por los Estados Unidos del Norte.

La segunda causa exógena de la independencia de 1903 son los intereses de la Nueva Compañía del Canal de Panamá (francesa). Esta desea que el Canal sea construido por Panamá (en vez de Nicaragua). Así, podrá negociar con los Estados Unidos. Y venderá los materiales abandonados a Washington. El antiguo ingeniero en jefe, Philippe Bunau-Varilla, accionista de aquella entidad, efectúa una gira de conferencias a los Estados Unidos con objeto de convencer a los legisladores norteamericanos de la importancia que tiene el escogimiento del canal panameño. Y triunfa. La Nueva Compañía pide 109,141,500 dólares. Recibe una oferta de 40 millones de dólares, confirmada por el Senado, en 1901, aceptada, por la corporación, en 1902. De resto, Bunau-Varilla, conocidísimo en los corrillos de Washington, prepara, en unión de Amador Guerrero, el movimiento del 3 de noviembre de 1903. Incluso facilita la suma de 100,000 dólares para pagar la tropa colombiana local, la cual sostendrá la separación. Empero, Bunau-Varilla exige, a Amador Guerrero, ser nombrado ministro plenipotenciario de la República de Panamá cerca de Washington. Sancionada la independencia, los panameños se inquietan al haber escogido aquel ingeniero galo. El 11 de noviembre de 1903, una delegación parte desde Colón para discutir el nuevo tratado con Washington. Mas, el plenipotenciario concluye pronto. El 18 de noviembre de 1903 es firmado el tratado leonino HAY-BUNAU VARILLA. El equipo panameño llega a la capital estadounidense después de su firma.

A la luz del acuerdo, Washington recibe una zona del Canal de diez millas de ancho en la cual gozará de derechos de soberanía. Toma todas las tierras y aguas que necesite para el Canal. Suplantará al gobierno istmeño, bien en Panamá, bien en Colón, respecto de las medidas atinentes al mantenimiento del orden o a la preservación de la higiene pública.

Los Estados Unidos garantizan la independencia de la República de Panamá, la cual recibe una indemnización de 10 millones de dólares. Nueve años después de la firma del tratado, otra anual de 250,000 dólares habrá de añadirse.

Finalmente nace la República, pero totalmente dependiente de los designios de Washington.

NOTAS

  1. Ver el poema “Del Canal”, debido a la pluma de José María Alemán (1830-1887), en la obra de MIRO, Rodrigo, (ed.), Cien años de poesía en Panamá (1852-1952), 2a. edición, Viñeta de Eudoro Silvera, Librería Avance, S.A. Panamá, 1966, pp. 28-29.
  2. Ver al respecto, GARCON, Augustín, Histoire du Canal de Panamá, lettre préface de M. Ferdinand de Lesseps, Challamel Ainé, Editeur, París, 1886, p. 80.
  3. Sobre la evolución financiera del escándalo de Panamá, ver con sumo provecho. SIEG­FRIED, André, Suez, Panamá et les routes maritimes mondiales, Libraire Armand Colin, París, 1948, p. 192,
  4. Ver ARCHIVOS DEL MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DE FRANCIA, París. Correspondencia comercial, Panamá, Tomo 6, 1875-1889, “Extensión de la ville de Panamá”. Carta de L. THIBAUDIER, Cónsul en Panamá, a su excelencia el señor Ministro de Relaciones Exteriores en París, Panamá, 16 de noviembre de 1883, p. 286 (anverso y reverso).
  5. Ver, al respecto, EDGAR-BONNET, Georges, Ferdinand de Lesseps: Aprés Suez. Le pionnier de Panamá, Librairie Plon, París, 1959, p. 169. Ver, además, MARECHAL, Henry, Voyage d'un actionnaire a Panamá, E. Dentu, Libraire - Editeur, Paris, 1885, p. 32. Ver, por añadidura “La main-d'oeuvre”, en Bulletin du canal interocéanique, 2e. Année, Número 39, París, Vendredi ler. avril 1881, p. 347 (segunda columna). Ver, con aprovechamiento, “Les Jamaicains dans l'Isthme”, en Bulletin du canal interocéanique, 4e Année, Número 85 París, Jeudi ler mars 1883, p. 730 (primera columna). Vez, por último, “Les émigrants jamaicains”, en Bulletin du canal interocéanique, 4e. Année, Número 95, París, Mercredi ler. Aout 1883, p. 813 (segunda columna).
  6. Ver, por ejemplo, “Traveilleurs”, en Bulletin du canal interoceánicique, 4e. Année, número 96 París, Mercredi 15 aout 1883, p. 820 (Segunda Columna). Ver además “Ouvriers pour le Canal”, en Bulletin du canal interocéanique, 5e. Année, Número 110, París, Samedi 15 Mars 1884, p. 951 (segunda columna).
  7. Ver, ROUX, Jules - Charles, “Le Canal de Panamá en 1886” en (suplemento al) Bulletin du canal interocéanique, 7e. Année, Número 176, París, Mercredi 15 decembre 1886, p. 9 (segunda columna).
  8. Ver SIEGFRIED, André, op. cit., p. 186.
  9. Ver ARCHIVOS DEL MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DE FRANCIA, París, Correspondencia comercial, Panamá, Tomo 6, 1875-1889, “Au Sujet du Canal de Panamá”. Carta de L. THIBAUDIER. Cónsul en Panamá a su excelencia el señor Ministro de Relaciones Exteriores en París, Panamá, 12 de noviembre de 1883. p. 284 (anverso) y p. 285 (reverso).
  10. Idem.
  11. Idem.
  12. Ver, al respecto, MIMANDE, Paul, Souvenirs d'un échappé de Panamá, Librairie Académique, Libraires-Editeurs, París, 1893, p. 48.
  13. Ver, por ejemplo, CERMOISE, Henry, Deux ans á Panamá. Notes et récits d'un ingénieur du canal, 2e. édition, C. Marpon et F. Flammarion, Paris, 1886, p. 54. El tema de la eclosión de la burguesía judía en Panamá, desde hace un siglo, lo sinte­tizan, con inesperada fortuna, FIDANQUE, E. Alvin; DE LIMA VALENCIA, Ralph; SASSO MADURO, Eugene; PERKINS, Eleanor D. L.; y MELAMED, Dr. Joseph, Kol Shearit Israel: Cien años de vida judía en Panamá: 1876-1976. Kol Shearit Israel: A hundred Years of Jewish 'Life in Panama, XXVIII - 487 p., Panamá MCMLXXVII, Edición Conmemorativa del Centenario de Kol Shearit Israel, Conmemorative Edition of the Centennial, Industrial Gráfica, S.A. Panamá junio de 1977.
  14. Ver AUTIGEON, Ch. Numa, De Bordeaux á Panana et de Panama á Cherbourg, Auguste Ghio, Libraire-Editeur, Paris, 1883, p. 75. Ver por ejemplo el periódico denominado El Istmo de Panamá, Bisemanario de intereses generales del Istmo, Año 1, Número 25, Panamá, 3 de mayo de 1895. p. 97.
  15. Ver, al respecto, JAEN SUAREZ, Omar, “Presencias imperialistas y dependencia ístmica en la segunda mitad del siglo XIX”, en la obra colectiva Relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, op, cit., pp. 181-182.

    Ver, además, POSADA, Francisco, Directorio general de la ciudad de Panamá y reseña histórica, geográfica, del departamento, Año II, Imprenta Star and Herald, Panamá, 1898, passim.

  16. Ver, sobre la primera década del siglo XX, EDWARDS, Albert, (seudónimo) Panamá: The Canal, the country, and the people, The MacMillan Company, New York. 1911, p. 55.
  17. Ver MOLINARI, G. de, A Panamá: I’Isthme de Panama-la Martinique - Haiti. Libraire Guillaumin et Cie, rue Richelieu 14, París, 1887, p. 117.
  18. Ibidem, pp. 114-115.
  19. Ver, por ejemplo, CERMOISE, Henry, op. cit., p. 54, Ver además, BOVALLIUS, Carl, Viaje al Istmo. 1881-1883, traducido del sueco por Abel Lombardo Vega, Volumen No. 1 Biblioteca Nuevo Panamá, Ministerio de Educación, Litho Impresora Panamá, S.A. Panamá 1972, p. 27.
  20. Ver, SIEGFRIED, André, op. cit., p. 211.
  21. Ver, HENAO, Jesús María, y ARRUBLA, Gerardo, Historia de Colombia para la enseñanza secundaria, Octava edición, corregida y aumentada, Talleres Editoriales de Librería Voluntad, Bogotá, p. 784.
  22. Ver, sobre semejante causa, AROSEMENA, Pablo, “La secesión de Panamá y sus causas”, en CASTILLERO REYES, Ernesto de Jesús, (ed.), Documentos Históricos sobre la Independencia del Istmo de Panamá, op.cit., p. 241.
  23. Ver, al respecto, CARLES, Rubén Darío, Horror y paz en el Istmo, 1899-1902, la. edición, Editora Panamá América, S.A., Panamá, 1950, pp. 87-88, y VILLEGAS, Jorge y YUNIS, José, La Guerra de los Mil días, 2a. edición, Carlos Valencia, Editores, Bogotá, 1979.
  24. La versión zafia y entreguista de 1903 es explayada, polémicamente, por TERAN, Oscar, Del Tratado Herrán-Hay al tratado Hay-Bunau Varilla, Panamá, Historia crítica del atraco yanki mal llamado en Colombia la pérdida de Panamá y en Panamá nuestra independencia de Colombia, 2a. edición, Carlos Valencia Editores, Bogotá, 1976.
  25. Extracto del libro del autor Dominio y Sociedad en el Panamá Colombiano, 398 p., Impresora Panamá, Panamá, 1978.


ALFREDO FIGUEROA NAVARRO
Publicado en: Revista Lotería. No. 292, Julio, 1980. Lotería Nacional de Beneficencia, Panamá, 1980.


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