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“Ciegos invisibles preparan las
sábanas del sueño”.
Paul Eluard
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1
Navegué sobre tu vientre
como una pelota de luz
y de tu sangre absorbí
la delicada sombra
de todas tus caricias.
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2
Arribé al mundo amoroso
con una lagrima de júbilo
y en tu mirada azul,
de mariposa en vuelo,
penetré en la totalidad del universo.
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3
En la vida precoz de la inocencia
descubrí que el agua
ese líquido audaz
era el lenguaje de la piedra
y los pájaros la prueba vital
de que el hombre vuela con sus sueños.
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4
Las hierbas y los árboles
raíz fueron del viento
y los crepúsculos
y las lluvias
el rostro de la tarde enamorada.
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5
En el campo las arrieras
eran soldados
de un mundo subterráneo
fresca piel de la naturaleza
y hojas secas de vida y esperanza.
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6
Las muñecas y sus rostros,
primigenio regalo de los niños,
viejos recuerdos
del instinto de los vientos,
ajedrez y jeroglífico
de las ancianas mañanas repetidas.
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7
En el columpio
las alegrías saltaban
y eran el espejo de la niebla,
las dulces caídas del invierno
o más bien el llanto del rocío.
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[…]
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44
La luz
que fue la palabra
de que te hablé al principio
y el Cero (la totalidad)
de este Eros
que llevamos dentro.
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45
Es por ello, madre,
que los poetas se emborrachan...
para no tener que velar
su cuerpo, el suyo propio,
con sus enormes caras
de idiota y de payaso.
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Del libro: Cartas de infancia: poesía. Panamá, 1990.
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