Nació, en Panamá, el 11 de abril de 1938. Licenciado en periodismo por la Universidad de la Paz, con sede en Panamá.
Viajero incansable por el orbe socialista. Posee una vasta obra de corte nacionalista. Se desempeñó como periodista y desde sus toldas usaba la pluma como un bisturí para enderezar entuertos. Crítico literario sincero cuyas tesis defendió con denuedo desde la Prensa Nacional.
Jiménez Varela fue poeta, periodista y profesor de Filosofía e Historia. Miembro fundador del Frente Artístico Cultural César Vallejo, y Secretario de Relaciones Internacionales de la Asociación De Escritores De Izquierda. Además, Miembro permanente de la Comisión Organizadora del certamen Municipal de Poesía León A. Soto.
En 1983 llevó la representación de Panamá, al segundo encuentro de intelectuales en Managua, Nicaragua. Tuvo el honor de ser el primer latinoamericano que a nombre de la juventud antiimperialista de América habló en representación del continente.
En 1960 llevó la representación universitaria panameña ante la Federación de Estudiantes de China Popular. En ese país, dictó charlas sobre la lucha del pueblo panameño por su liberación del Imperialismo yanqui.
Seguidor de la poesía social china, en especial del poeta Kuo Mo Jo. Y admirador de la poesía de César Vallejo y Vladímir Mayakovski.
Dio recitales en la Universidad Nacional, la Universidad Católica de Panamá, en Costa Rica, Honduras y México. La crítica a pesar de sus reticencias contra este escritor de pluma violenta, lo considera, medularmente, un escritor antiimperialista.
Segundo Premio en el concurso de poesía de la Revista Verde Olivo (1960, La Habana, Cuba), con “Elegía de José Martí”; Primer Premio en el concurso Universitario Octavio Méndez Pereira, 1960 (sección poesía), con “Canto desde Adentro”; Tercer premio en el concurso Octavio Méndez Pereira, 1960 (sección Cuento), con “El Sepulcro o el Espejo”.
Nuestro poeta nacionalista falleció en la ciudad de Panamá, el 30 de diciembre de 2018, a los 80 años de edad.
Lazos amicales cimentados en mutua y solidaria convicción sobre la esencia del quehacer poético —auténtico afán de hombradía cotidiana— me han conducido a forjar el pórtico de LA PIEL DEL NÁUFRAGO del solitario cantor de la solidaridad humana, Luis Carlos Jiménez Varela.
En este vate de conciencia insobornable ha fecundado la soledad en conciencia de comunión con el otro: el prójimo y la materia cósmica.
Mas el itinerario, viacrucis histórica, no siempre es propicio, y el intento se desgrana en tristeza de hombre sangrante de sí mismo, mutilado en su otredad conjuntiva.
Por ello LA PIEL DEL NÁUFRAGO es rúa solemne de tristeza y angustia existencial, al conjuro de anhelos cercenados. Explora zonas marginales y extrañas a la legión, donde despuntan algunas egregias excepciones de yentes y vinientes de la poesía nueva de nuestro villorrio cultural. Paladear novedades es insuficiente cuando se carece de un fondo de intimidad, porque la poesía, si ha de merecer el nombre de tal, debe sustanciarse con el vivir personal.
Ausente esta savia, no hay pervivencia posible. LA PIEL DEL NÁUFRAGO es fiel al milenario mandato de autenticidad poética.
Los encumbramientos de panderetas que esta hora bufonesca de la vida literaria panameña dispensa a los gentiles oficiantes, no pasarán en el momento cimero de las augustas claridades.
Luis Carlos Jiménez pertenece a la floresta heterodoxa del acontecer literario nacional. Hermana con los insulares —Laurenza, Solarte, Bermúdez— ajenos a las comparsas de ocasión que pontifican sobre la poesía hogareña.
Barreras difíciles de obviar han impedido que este libro haya podido ser impreso en el terruño. Bogotá con su habitual amabilidad para el buen arte, ha corregido esta herejía, y en ella ha salido a la luz pública LA PIEL DEL NÁUFRAGO, obra que le auguramos un destino feliz entre los amantes de la buena poesía.
Dos símbolos esplenden en su libro como cicerones de ruta: César Vallejo y Don Quijote, epítomes de la tristeza y campeadores de la bondad sobre el planeta. En esta marcha crepuscular de la palabra hacia el otro, ellos son eximios acompañantes, aunque el humano cascarón que charla, cabriola y egotiza no comprenda de estas búsquedas laercianas renovadas.
Mientras dure el fragor de la estulticia, esperemos, esperemos...
Por lo pronto, he aquí un libro tejido de dolor humano e inquietudes trascendentes que servirá de certero catalítico para conmover la carrocería verbal, impúdicamente llamada poesía entre los fariseos del feudo artístico istmeño.
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Ricardo Segura
En la introducción de: LA PIEL DEL NÁUFRAGO.
Comentar la labor del polémico escritor, Luis C. Jiménez Varela, impone un planteamiento previo: esclarecer la función específica del intelectual en la sociedad. Ello nos permitirá comprender con objetividad máxima el verdadero significado del citado escritor, y a la vez subrayar lineamientos hoy borrosos en esta materia.
Emerge el intelectual como una necesidad social para enrumbar la vida colectiva en función de valores de más humanización, con apoyo o no de la sociedad. Las consecuencias van desde el aplauso colectivo hasta el martirilogio. Pero la compleja textura social, siempre dado a institucionalizar las cosas humanas, suele afianzar la forma en detrimento de la sustancia; cuyo sentido se pierde. Es la hora de los mandarines de la cultura, sesudos informadores de datos nuevos, snob de modas, con sus bagajes de charlas, conferencias y libros que ostentan como condecorados gerifaltes de la cultura. Vestidos de intelectuales, se arrogan la función que jamás entendieron. Porque ser intelectual impone la función permanente de ejercer la crítica constante del sistema, ya que éste es producto y, por tanto perfectible. No son intelectuales los que evaden la realidad en volutas estetizantes, los que se comportan como amanuenses del status quo o los que reproducen generalidades sin compromisos. El intelectual es creador y no reproductor del sistema.
En Panamá, donde la cultura espiritual no se percibe como una necesidad humana -es decir, las grandes masas no lo entienden así- el ejercicio intelectual carece de un apoyo real, vivo y cotidiano. De ahí que esta actividad en nuestro medio se ejerce con gran dosis de mediatización oficial y hace converger sobre ella una legión de flaquezas humanas que se revelan en indisposiciones, roscas, cofradías... Ser intelectual auténtico en Panamá es faena penosa, traumatizante y de compromiso con la soledad.
Luis C. Jiménez Varela es un esfuerzo auténtico de intelectualidad en nuestro villorrio intelectual. Durante veinte años ha blandido su pluma combativa y su voz de controversia en esta tierra que siempre concibió como una promesa de jornadas más dignas para el hombre.
Esta antología que nos honramos en prologar, recoge su labor literaria de dos decenios, iluminadas por un humanismo radical y ejercida con pasión revolucionaria. Cuando nos adentramos en el contexto de la misma experimentamos una total vivencia de la patria desgarrada, haciéndose, rehaciéndose, buscando caminos en medio de tormentas perennes desatadas en esta desigual batalla porque resplandezca la cultura en sus relieves más aquilatados.
Su poesía se nos presenta como un árbol que se nutre de dos fuentes básicas que se entrelazan: el drama del yo amoroso en su marcha odiseica hacia su autenticidad y el clamor y afirmación de una sociedad más justa cimentada en el socialismo.
Palmario ejemplo de la fusión de los dos temas recurrentes, son les versos que presentamos:
“Déjame sentir en cada beso tibio
la ausencia nocturnal de tu mirada,
ansiando aflorarse en la palabra.
(Acaso sea una manera pulcra
de amarse en el idilio colectivo).
A veces el amor siempre con relieves dúctiles, alcanza rimas cósmicas, gracias a imágenes visionarias, genesíacas:
La sangre gira y gira
como un asteroide perdido
en el infinito cielo
y la boca, áspera y primitiva
rompe el cordón umbilical del universo
para hundir su pie de tigre
ansiando convertirse en un pequeño Dios
creando el hombre.
La poesía política es una frondosa galería de evocaciones de héroes y pueblos en su marcha por implantar la justicia social; itinerario nutrido de angustia, decepciones y de esperanzas que se chamuscan y reverdecen. La geografía? Panamá y cualquier lugar del mundo donde se yerguen titanes y seres anónimos para sepultar la injusticia y la degradación humana.
Predomina el tono patético, pero hay instantes en que la palabra poética se hace presente con una sobriedad desgarradora:
"La democracia llega en un cable de la UPI.”
A veces las descripciones alcanzan niveles sublimes:
"Sus senos, tan firmes, deseosos de salirse
de su blusita azul, parecieran dispuestos
a amamantar los hijos de la revolución de América.
Su labor en prosa incluye cuentos, charlas y conferencias.
Caracteriza su cuentística el afán experimental por descubrir nuevas vetas formales tendientes a desvelar las recondideces humanas. El resto de su prosa es de carácter polémico, encauzado a esclarecer el sentido de la poesía nueva y a promover una revaluación crítica de la historia de la literatura panameña.
En última instancia hay que entender el quehacer literario de Luis C. Jiménez Varela como la afirmación sin concesiones de una perspectiva popular y revolucionaria del arte y la cultura y el rescate crítico de los valores progresistas en el pasado cultural panameño.
Afectuosamente,
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Ricardo Segura
En el prólogo de: Páginas escogidas (prosa y verso). Panamá, 1975.
Agradezco la gentileza del literato panameño Luis Carlos Jiménez Varela, de cederme el honor de decir algunas palabras en torno a su interesante obra poética.
Desde que lo conocí, en 1960, en la milenaria tierra del socialismo mundial; Pekín, hasta el momento, he observado el itinerario de su quehacer poético; y he encontrado algunas variantes. La Piel del Náufrago, su primer libro, es una obra de una gran riqueza formal pero ideológicamente oscuro, en tanto que los recursos estilísticos priman sobre el mensaje poético, pero ya en Vertical, su segundo libro, y en Elegía al Che Guevara y otros poemas, surge un bardo más militante con la suerte de los humildes como dijera Martí.
Y es aquí en Golpear la Sombra -su cuarto libro de versos-, en donde se conjuga más al artista serio que hace de la ordenanza poética no sólo una denuncia política, sino que la nutre de un hondo lirismo.
Creo que sobrada razón tiene ese gran maestro de la crítica literaria, el español exiliado en Venezuela —José Manuel Castañón—, y uno de los más altos exponentes del arte vallejiano; quien al referirse a la obra de Luis Carlos Jiménez Varela, opina que la crítica nacional panameña, ha tratado con mucha pobreza intelectual una obra tan interesante como la de este autor cuya “Oración Por Augusto Pinochet” —afirma Castañón— debería aparecer en todas las antologías de la poesía americana no sólo por su conceptualidad sino por su gran precisión poética en que todo verso tiene un sentido y un mensaje y en donde no hay nada de más ni de menos. La ironía allí está trabajada con una gran maestría que remeda a Francisco Quevedo y que evoca igualmente a León de Greiff.
Jiménez Varela me ha confesado que como hombre y artista le interesa más que su poesía tenga un mensaje revolucionario, entendible por los humildes, que ser reconocido como un gran poeta. Sin embargo, yo afirmo que en “Golpear La Sombra”, hay una unidad dialéctica entre el político y el poeta; y surge más que un gran poeta un gran político, y más que un gran político un gran poeta.
Con saludos revolucionarios desde esta tierra centroamericana cuna de Morazán.
Tegucigalpa, Honduras, enero de 1976.
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DANTON SANDINO
En el prólogo de: Golpear la sombra. Panamá, 1976.
Luis Carlos Jiménez Varela pertenece a esa pléyade de escritores de nuestro tiempo, para quienes la poesía es un látigo para golpear las injusticias del mundo al tiempo que una fuente estética de primer orden.
Marxista por estudio y práctica; cronista polémico por vocación, su pluma es una de las pocas realmente comprometidas en el país, si compromiso llamamos el hablar en voz alta, firme y seguro de lo que se piensa, aunque su punto de vista no congenie con los lectores.
Estimo que Luis Carlos Jiménez Varela tiene el don del coraje, uno de los atributos más preciados del escritor. Porque un escritor metido en la mismidad de su caracol sin cielo; en la cobertura helada del silencio, para no vivir su responsabilidad de intelectual, está condenado al fracaso del anonimato histórico, porque la memoria de los hombres la hacen los que luchan de frente, por encima de mil derrotas, pero sin ninguna destrucción, como escribía Hemingway.
Siempre me ha gustado citar aquellos versos de Jorge Luis Borges, cuando escribe: “Entre las cosas hay una, de las que no se arrepiente nadie en la vida, esa cosa es haber sido valiente”.
Conocíamos el libro “Campo de Concentración”, porque fuimos Jurado de Poseía en el Concurso Ricardo Miró y lo teníamos entre los diez mejores. Es un libro recio, como el alma del poeta Jiménez, un tanto conspirativo. Se trata de un volumen lleno de integridad, que canta al sol de sus creencias políticas, y las canta para que las escuchen todos, como corresponde a un alto poeta.
Saludo desde estas líneas al fraternal compañero por quien siento una gran admiración literaria y también al compatriota honesto que habla cuando muchos callan.
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José Franco
En la introducción de Campo de Concentración. Panamá, 1982.
Este libro, que intento sea una antología de mi pasión por la sensibilidad y mi amor, es el producto de treinta años de lucha con la palabra, con la vida y con mi propia soledad.
Creo que la soledad es el alma colectiva del hombre, ya que en la alegre mañana, que algún día sobrevendrá en el planeta, como la más dulce y aromática flor, de allí surgirá, como una mariposa triste, el destino final de la ternura de la soledad. Hay quienes piensan que el escribir es un acto de taumaturgia, lo cual es una audaz falacia, ya que escribir es más bien un acto de alta pasión, de verdadera solidaridad con el hombre. Algo así como entregar la silente subjetividad que pugna por decir su palabra rompiendo con las cadenas del yo interno. Hacer poesía, en última instancia es pelear duramente contra la muerte que se le trata de trepar a uno sobre el corazón hasta que logramos vencerla a golpes fecundo lirismo, cuando ello se juega en el albur de la vida, salta entonces la chispa luminosa de la poesía. La poesía es una auténtica enterradora de muertos, ella sepulta a los que en su corazón llevan murciélagos y en sus estómagos tarántulas con piel de vampiros. Contra ellos golpea la ternura de la palabra.
La poesía es la alquimia que han inventado los hombres para enfrentarnos a nuestra mismidad existencial. Por ello, en el instante luminoso en que la muerte haya cesado de existir, y sobre piedra sobre piedra, surgirá el arte poético como la más auténtica expresión humana a través de la historia del rostro de la ternura.
Tal es el mensaje de esta porción de sentimientos que a mí se me ocurre que constituyen eso que los hombres más capacitados llaman poesía.
Si no lo he logrado en este intento antológico, pido perdón por haber osado tomar el turno de la palabra en nombre de los ofendidos del orbe y en búsqueda permanente del rostro de la poesía y por qué no también del rostro de la ternura.
Panamá, 1985 — El autor.
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Luis Carlos Jiménez Varela
En el prólogo de El rostro de la ternura. Panamá, 1985.
Luego de las apariciones de las antologías poéticas de los catedráticos Ismael García y Rodrigo Miró, urgía una que actualizara el registro poético de lo que han estado haciendo los oficiantes panameños del quehacer lírico.
Esto es lo que pretende el Círculo Cultural y Literario León A. Soto (C.C.L.L.A.S.) en esta ocasión en que se antóloga a cuarenta y un (41) poetas del terruño.
La tarea responde, de alguna manera, a los consejos que nos brindara el brillante poeta cubano Jesús Cos Causse en el "Festival del Fuego", verificado en Santiago de Cuba en 1998 y de las conversaciones literarias realizadas con el novelista y antropólogo guatemalteco Carlos René García Escobar, primeramente en Costa Rica durante un encuentro de Escritores Centroamericanos (en 1994 en Costa Rica), luego en Guatemala en el Primer Encuentro de Escritores Centroamericanos convocado por el PARLACEN y, más recientemente cuando asistió el precitado literato de la tierra de Miguel Ángel Asturias, como jurado del Premio Ricardo Miró en el año 2,000.
Esta antología rinde culto de evocación al Poeta Mártir de nuestra nacionalidad cuyo nombre lleva nuestro colectivo literario: León A. Soto. Hicimos esfuerzo a fin de que el Instituto Nacional de Cultura (INAC) nos ayudase en este ahínco cultural, pero razones políticas por un lado y de personeros burocráticos enquistados en la editorial del INAC, por otra vía, conspiraron contra nuestros deseos y hemos tenido que empeñar nuestra magra pensión de jubilado para la feliz realización de esta edición; no nos lamentamos del camino tomado. En nuestro bregar por esta cintura ístmica nos ha tocado combatir a niveles ideológicos, estéticos y sociales, nos hemos enfrentado a fuerzas superiores a las de éstos liliputienses que hoy bloquean nuestro empuje, envilecidos por la carroña del odio y el egoísmo.
Aquí está la antología concreta para que se defienda por sí sola de la ira y de la lepra de los canes del mundillo intelectual. A los intelectuales honestos y progresistas del país, va dedicado el esfuerzo.
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Luis Carlos Jiménez Varela
Presidente del Círculo Cultural y Literario León A. Soto (CCLLAS)
Ciudad Universitaria, 22 de febrero de 2,001.
En la introducción de: Poesía panameña contemporánea. Antología 41 autores
(Fragmento)
El poeta nacional, LUIS CARLOS JIMÉNEZ VARELA, es otro de los magníficos cantores de nuestro país. De los que orientan su lirismo a la exaltación de la patria mancillada para mitigar sus dolores y alentar sus esperanzas de redención soberana y en quien el clamor por la justicia social no escapa tampoco de su estro.
En Luis Carlos Jiménez Varela hay inspiración y calidad lírica. Con una facilidad asombrosa para manifestar sus protestas vivenciales, su poesía es un grito de rebeldía que se deja oír en lo más recóndito del territorio istmeño. Por eso al cantarle a la Patria exalta las luchas generacionales que se han dado para alcanzar nuestra soberanía total. Le canta igualmente al humilde campesino que con el sudor de su frente hace brotar la semilla que fertilizó en la madre tierra. Le canta al obrero, le canta a todo lo que en su entorno es motivo para ser fustigado para que impere la justicia, la paz y la hermandad entre los hombres. Pero también Luis Carlos Jiménez Varela tiene sus momentos para reflexionar sobre la razón de ser de su existencia. Y en sus profundas meditaciones piensa en ese ser que en sus entrañas lo nutrió de amor, que en su niñez lo colmó de un abnegado cariño maternal y que lo guió para que tuviera conciencia de que la vida es un legajo de incógnitas en donde se confunden la amistad y el cariño con la incomprensión, la envidia y el ultraje.
Doña LEONOR LUISA VARELA DE JIMÉNEZ, su madre, lo preparó para enfrentar con dignidad e hidalguía estos menesteres de la vida. Por ello Luis Carlos Jiménez Varela, en homenaje a su digna progenitora, escribe sus “CARTAS DE INFANCIA”, que son el mejor tributo que su estro lírico, puede ofrecerle a la autora de sus días. “La madre, dice, es el sentido exacto y universal que este planeta puede ofrecerle a la existencia”. De allí la razón de ser de sus “Cartas de Infancia”.
El poemario está constituido por 45 trozos líricos que el poeta llama CARTAS y constituye una sentida elegía a la muerte, en donde las reminiscencias de Jorge Manrique y de Gustavo Adolfo Bécquer, son evidentes por el intimismo que se percibe a través de toda la composición. En ella el poeta emplea el recurso de hacer primero una serie de disquisiciones o remembranzas de su vida, de la vida del hombre, desde que es concebido en el seno materno…
[…]
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Diógenes Cedeño Cenci.
En: Revista Cultural Lotería. Año. 51, No. 392 noviembre-diciembre, 1992. Panamá: Lotería Nacional de Beneficencia, 1992.
Ver texto completo en: Meditaciones sobre: “Cartas de infancia”, poemario de Luis Carlos Jiménez Varela
Obras de Luis Carlos Jiménez Varela |
|
|---|---|
| Título | Año |
| La piel del náufrago. Poemas. Bogotá, Colombia. Ediciones Guadalupe, 1968. | 1968 |
| Vertical (poemario). Ciclo poético de 1960 a 1973. Panamá. IMPREX, S.A. 197?. | 197? |
| Elegía al Che Guevara y otros poemas. Panamá, 1974. | 1974 |
| Páginas escogidas (prosa y verso). Panamá, 1975. | 1975 |
| Golpear la sombra. Panamá, 1976. | 1976 |
| Literatura militante. Panamá, 1976. | 1976 |
| Poemas de amor y combate (poemario). Panamá. Editora del Poder Popular, 1980. | 1980 |
| Campo de concentración. Panamá, 1982. | 1982 |
| Arte, literatura y praxis estética. Panamá. Impresora La Nación, 1984. | 1984 |
| Autobiografía de la tristeza. Panamá, 1984. | 1984 |
| El rostro de la ternura. Panamá, 1985. | 1985 |
| Poesía para gente sin fortuna. Panamá, 1986? | 1986? |
| Cartas de infancia: poesía. Panamá, 1990. | 1990 |
| El turno de la palabra: Poesía. Panamá, 1992. | 1992 |
| Versos secretos para el comandante heroico. Panamá, 1995. | 1995 |
| Poemas líricos a Delsa. Panamá, 1996. | 1996 |
| Antología poética. Editorial Universitaria. Panamá, 1996. | 1996 |
| Habitar con los muertos: cuentos psicológicos. Panamá: Centro de Investigaciones Educativas y Nacionales, 1998. | 1998 |
| Chuchú en el recuerdo. Panamá: Editorial del Centro de Investigaciones Educativas y Nacionales, 2000. | 2000 |
| Poesía panameña contemporánea. Antología 41 autores / selección y prólogo de Luis Carlos Jiménez Varela. Centro de Investigaciones Educativas y Nacionales, Panamá, 2001. | 2001 |
| Cuatro elegías. Panamá: Ediciones Mártires de Mayo de 1958, 2006. | 2006 |
| Los dulces amores del otoño. Panamá: Centro de Investigaciones Educativas y Nacionales, 2015. | 2015 |
Dos cuentos de Luis Carlos Jiménez Varela |
|---|
| La imagen disecada |
| La sombra y la serpiente |
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