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Tronco de árbol, dulce cuerpo,
estás calando mis venas
como la lluvia en el techo.
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Trozo de carne caliente
como la tierra asoleada,
muestra el humo,
tu esencia,
en las tardes de relámpago.
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Te palpo con toda el alma,
mirándote por los valles,
al igual que hace la lluvia
en esa noche invernada.
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Fuerzas extrañas me inundan
al sentirte tibiamente,
y canto porque te siento
en tus luces y en la savia;
porque me siento en tu vida
como oración sin palabras.
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Del libro Una Rosada Estrella en la Vendimia, 1969
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