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Mi Laika sideral, desde el recuerdo
un lazo de mi voz y tu ladrido
hagamos para el sueño imaginado:
¡la paz con el trabajo desposando
desde el altar de amor comprometido!
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Ayúdame, turista de lo etéreo,
desde ese breve aullido que te ahoga,
a decir que la guerra no cabalga
su fantasma de viva carne abierta;
y muéveme a grabar con tu heroísmo
sobre ese bosque azul, en cada fruto,
¡la paz con el trabajo desposando
desde el altar de amor comprometido!
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Impéleme a gritar donde naufraga
la fe de los humildes, del magnate,
este canto de atómicos acordes,
relámpago y canción que desintegra
la endémica viacruz de la conquista
y el látigo de sangre en los verdugos;
y déjame injertar en cada vena
y en cada nueva voz que se levanta
este epígrafe de lucha desbordante:
¡la paz con el trabajo desposando
desde el altar de amor comprometido!
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Inspírame, minúscula astronave,
con tu asteroide acento en la ionosfera,
a darle nuestro pésame a las armas,
porque la guerra duerme en una cripta
mientras tu lengua esculpe en cada estrella
¡la paz con el trabajo desposando
desde el altar de amor comprometido!
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Del libro: Epístola Sideral
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