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Significación del cuatro de noviembre,
por Luis Carlos Jiménez Varela


Homenaje a Panamá: unidad y libertad | Foto: generada por ChatGPT

Dentro del proceso social de los pueblos, el amor a los padres y a la patria, han sido profundamente considerados como dos altas categorías de solidaridad humana que han hecho falsas las imputaciones de algunos filósofos que como Hobbes, han afirmado “que el hombre es el lobo del hombre”.

En ese ámbito de lo más fino y brillante de lo que es el amor patrio, los historiadores nos han actualizado el ejemplo elocuente de la madre espartana que cuando le traían el escudo de su hijo muerto en combate, contestaba: “no quiero saber si mi hijo murió, antes quiero saber si la patria triunfó”. Y este es el mensaje que ese concepto encerraba: La bandera en todas las latitudes del planeta, representa la nacionalidad, el espíritu de un pueblo, y los sinsabores y las esperanzas de las colectividades. La bandera encierra, bien entendida, la aspiración de un mundo de todos y para todos. Ella representa el infinito valor de lo telúrico, de ese suelo que nos cobijó fraternalmente cuando vimos el primer rayo de luz, luego de abandonar el tierno y acogedor útero materno.

Es por ello que los poetas de todos los tiempos, los intérpretes de los sentimientos humanos, han exaltado con apasionado lirismo la simbología de lo que ha representado y seguirá representando para la humanidad, el amor a la bandera.

Nuestra amada patria, Panamá, no está desligada de esa significación de las ansias libertarias de los pueblos. Heredera de las gloriosas batallas que contra el colonialismo español libraron Urracá, Bayano, Felipillo, el Quibián y todos nuestros mejores patriotas de las gestas independentistas  anti-española, nuestra bandera, se yergue con hidalguía como un  estandarte impoluto de panameñidad, sobre la sangre de los negros, blancos, mulatos e indios que cayeron para darnos, en el contexto histórico del tiempo y la distancia, una patria, en aras de la búsqueda de nuestra personalidad como nación en el consenso de los demás pueblos del orbe.

Por eso el 4 de noviembre, en que conmemorarnos los panameños, el día de la bandera, debemos recordar que esto ha sido posible en nuestro país gracias a las arduas tareas que en los campos ideológicos y en las fragorosas trincheras de combate libraron Justo Arosemena, considerado el arquitecto de nuestra nacionalidad, y el General Victoriano Lorenzo, ya más cerca de los destinos de la alborada popular que dio forma a nuestra república. Por otro lado debemos tener presente que para lograr nuestra plena liberación, será necesario la perseverancia honesta en la justa lucha anti-imperialista a la que hoy se encuentra abocado nuestro pueblo en su contención, desde 1903, con los representantes de los monopolios norteamericanos, hoy erigidos en gobernantes de ese noble pueblo, heredero del pensamiento del poeta demócrata Walt Whitman, y que también ellos, a su debido tiempo, tendrán que liberarse de las garras de ese monstruo imperialista que se alimenta de cadáveres de los pueblos conquistados por su política expansionista y de explotación.

Podemos en consonancia decir que para esencializar lo que es la bandera, habríamos de afirmar poéticamente, que es como la ternura de la madre ante el asomo del hijo que lleva en lo más profundo de las entrañas.

noviembre de 1975


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Luis Carlos Jiménez Varela

Publicado en: Páginas escogidas (prosa y verso). Panamá, 1975.


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