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El suelo Inca, hecho de corazón
de Golondrinas y tristezas,
(parió, moribundo el siglo)
a un indio de frente de piedra
de donde emanó la luz
de un nuevo canto.
Esa nariz de recia madera
olfateó las trincheras enemigas
y con su mandíbula triturante
masticó el polvo de la india saudade
y la convirtió en canto de alegría y esperanza.
Ese rostro de mármol edificante
que había escrito: “Trilce”
(símbolo de lo dulce y de lo triste)
abandonó el continente,
llevando de su raza bravía
la frondosa espuma de sus olas;
y aunque ya más nunca volvió...
sus versos, fabricados con pedazos vitales
de sangre de indios nobles,
universalizaron la soledad, la muerte, los caminos.
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