Mi país tiene varias geografías universales:
no son las del alto pájaro del sueño,
ni la de los cisnes y flores de amapolas
a las que les cantó Miró desde el recuerdo.
Mi patria limita al norte, con un montón de hombres
comiéndose sus propios cadáveres;
al sur con miles carreteros trasportando cruces
para hundirlas en la luna;
al este con conquistadores
que quisieran engullírsela
de un solo hartazgo;
y al oeste con el ondear de su bandera
sobre los hombros de la ternura atrincherada.